VI

Ella abarca con los brazos continentes
y sus dedos entrelazan las copas de los pinos.
Siembra sepulcros con sus uñas de nácar
bajo tierras de nombres ya olvidados
donde los huesos de los dioses se deshacen.
Con las pestañas acaricia nubes,
sus trenzas son el acometer de las batallas
cuando su cuerpo construye épocas.
En sus costillas rezan los nombres
de todas las mujeres
junto con el resto de las flores.
Sus pechos brotan con el paso del tiempo
y nacen constelaciones de sus hombros
cuando besa la luna antes de dormir.
Nada es más bello que estos pies
que recorren el universo
cuando nadie recuerda su rastro
en la carne de todos los hombres
que viven a años luz.
Ella no conoce el llanto
por miedo al diluvio,
ella se cree Dios porque no lleva
vestidos en invierno.
Ella es el Alfa porque enamoró
a su Adán sin haber creado la Omega.
Este título fue concebido por los ángeles
como obsequio a la mujer ideal;
sin embargo, y por error del universo,
se borró antes de ser puesto en práctica.

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